Tema 1: Aprender y enseñar. Una mirada desde la Psicología:
1.
Introducción:
Sociedades
complejas implican una formación/educación compleja. En estas es necesario que
los niños aprendan a desarrollar unas capacidades y alcanzar unos objetivos.
Cuanta mayor sea la complejidad de los aprendizajes mayor será el tiempo
necesario para adquirirlos (de ahí que en nuestra sociedad la educación
obligatoria sea de los 6 a los 16 años, aunque muchos son los que continúan su
formación hasta los 25 –licenciados, graduados, etc.- ) se puede decir que la
educación en estas sociedades es muy compleja.
2. ¿Por
qué sólo los humanos tenemos enseñanza?:
Por enseñanza
entendemos el conjunto de actividades de los miembros de una comunidad o grupo
social encaminado a transmitir conocimientos culturales a otros miembros de esa
cultura. Esta transmisión cultural se concreta en:
Ø Unos
comportamientos que son aprendidos por todos los individuos que son
considerados normales.
Ø Los
comportamientos que manifiestan los miembros jóvenes del grupo tras el
aprendizaje han de ser similares a los de los adultos.
Ø Como
consecuencia de la enseñanza, las tradiciones culturales deben mostrar una
acumulación de modificaciones a lo largo de generaciones.
Para que
exista enseñanza o instrucción intencional es necesario que el que enseña
quiera que el aprendiz aprenda algo,
y no sólo que haga algo. Este matiz
es crucial porque resalta la diferencia entre humanos y primates no humanos a
la vez que define la característica esencial de lo que significa enseñar.
¿Por qué sólo
los humanos tienen la capacidad de enseñar? La respuesta debemos buscarla en
las capacidades cognitivas de los humanos. No es que todo se reduzca a la
inteligencia sin más, sino a un tipo determinado de inteligencia. Los primates
no humanos tienen dos grandes limitaciones psicológicas: no son capaces de
recuperar sus representaciones mentales a voluntad, y mucho menos de operar con
representaciones de tipo simbólico y carecen de habilidades sociales cognitivas
(dominadas muy tempranamente por los humanos antes de la escolarización).
Tras la realización
de un estudio que comparaba a humanos (bebés de 2,5 años ) con chimpancés (de
unos 10 años) y orangutanes (de 6 años) llegaron a la conclusión de que los
niños eran sistemáticamente superiores a los primates en todas aquellas
operaciones que requerían capacidades cognitivas sociales[1],
adquiridas por los niños casi sin esfuerzo. Los niños aprenden muy temprana y
fácilmente a imitar a los adultos. Estas capacidades cognitivas, en apariencia
muy simples, son claves para operar de forma adecuada en un entorno social.
De acuerdo con
D. Premack y A.J. Premack los animales protegen a sus crías, les ayudan, pero
no tienen una pedagogía porque para ello necesitarían tener una representación
mental del comportamiento que se debe ejecutar, comparar la conducta actual con
la representación que tienen y entrenar a la cría para que se ajuste a la
representación que tienen en su mente, además de no tener las habilidades
cognitivas sociales anteriormente expuestas.
3. El
desarrollo de la capacidad de aprender:
Según
Tomasello, podemos distinguir tres etapas en el aprendizaje cultural entendidas
como tres formas progresivamente más complejas de poder aprender: 1.
Aprendizaje por imitación. 2. Aprendizaje por instrucción. 3. Aprendizaje por
colaboración.
Ø Aprendizaje
por imitación: este autor distingue la imitación de la emulación (con la
emulación se reproduce la conducta de otros, pero no se comprende su meta).
Para que haya imitación se requiere comprensión de la intención del modelo.
Este aprendizaje emerge hacia el final del primer año de vida, y se va
consolidando a partir del segundo año. Cuando imitan, no sólo repiten acciones
o verbalizan lo que han oído, sino que además entienden que los adultos tienen
una intención al hacer esas acciones y son capaces de captar esa intención. Esa
capacidad psicológica hace que durante
el segundo y tercer año de vida se produzca una explosión de los aprendizajes
en todos los campos.
Ø Aprendizaje
por instrucción: es una forma de aprendizaje más elevada que la anterior, y
viene posibilitada por el avance sociocognitivo que se produce hacia los 4
años. Por ello no es casual que a partir de los 4 años se considere en muchos
países que los niños son capaces de aprender de los profesores
(escolarización).
Tomasello recoge
una serie de manifestaciones que indican esta nueva capacidad de aprender: 1.
Aprender a seguir reglas específicas que los adultos les han enseñado para
solucionar un problema. 2. Usar reglas sociales y morales de comportamiento, de
forma que pueden comenzar a inhibir su comportamiento, planificar actividades
futuras, etc. 3. Regular la impresión que causan en los demás y adaptar su
comportamiento para causar buena impresión. 4. Utilizar expresiones del tipo
“el piensa que yo pienso X”.
Así, los niños
aprenden a partir de instrucciones explícitas de los adultos. En un momento
posterior los niños podrán realizar esas operaciones de comparación entre las
reglas aprendidas y lo que ellos están haciendo, actuando en consecuencia. Un
logro sociocoginitivo básico de esta edad es la comprensión que empiezan a
mostrar los niños de que otros humanos tienen estado mentales diferentes a los
suyos. En este momento los niños no son sólo conscientes de que los demás
tienen ideas sobre objetos y acontecimientos, sino además de que es posible que
esas ideas sean erróneas aunque el que las tiene pueda pensar que son
verdaderas.
Ø Aprendizaje
por colaboración: es el tipo de aprendizaje cultural más elevado. Lo que se da
en este aprendizaje es un aprendizaje conjunto (no hay maestro y novato).
Ninguno de los participantes conoce la respuesta/solución por anticipado, sino
que la solución es nueva. Los preescolares trabajan en grupo, pero no cooperan.
Este aprendizaje comienza con los 7-8 años. Lo nuevo es la conciencia de que lo
que se aprende no es algo que alguien sabía ya, sino algo que los participantes
conocían parcialmente pero no en su totalidad. Esta conciencia es lo que
posibilita aprender por colaboración.
4. Tipos
de enseñanza:
Todas las
culturas tienen una educación formal aunque algunas circunscriben la educación
formal a unos pocos contextos. Kruger y Tomasello apoyan esta afirmación
identificando 3 procesos de instrucción intencional diferentes y proporcionando
evidencias de que todas las culturas muestran en algún grado esos 3 procesos. Ambos
sostienen que lo que varía dentro y entre las culturas son tanto las creencias
de los adultos acerca de cómo el aprendizaje de los niños tiene lugar, como las
creencias acerca del grado en que es necesaria una instrucción específica. Así
estos autores distinguen 3 tipos de creencias adultas sobre el aprendizaje.
Estas creencias conllevan tres niveles distintos de implicación adulta en la
enseñanza y tres formas distintas de enseñanza.
Ø Enseñanza
mínima: los adultos piensan que la naturaleza proporciona lo necesario para que
los niños aprendan, por lo que la participación adulta no es necesaria. Ahora
bien, si su creencia resulta inadecuada para el caso concreto que habían
previsto, entonces los adultos tratan de asegurarse intencionalmente de que los
niños aprendan. Ejemplos: cuando los niños aprenden a andar.
Ø Enseñanza
guiada: los adultos piensan que los niños necesitan guías para aprender tareas
complejas o valiosas. Se cree que la participación adulta facilita o posibilita
la adquisición de las habilidades más rápidamente o de forma más eficiente. En
el proceso de interacción y enseñanza, los niños consideran a los adultos como
expertos y les prestan atención, mientras los adultos valoran la productividad
o la ejecución del niño. Es intencional porque los adultos esperan que el niño
aprenda, y son conscientes de que ellos mismos deberían intervenir para
producir buenos resultados. Ejemplos: cocinar, limpiar, etc.
Ø Enseñanza
diseñada: hay situaciones en que los adultos crean situaciones de enseñanza
específica, de forma que las habilidades se aprenden con unos ciertos
estándares. Los adultos son conscientes de que los niños solos nunca serían
capaces de controlar estas habilidades por sí mismos. Por ello los adultos
diseñan ambientes especiales de aprendizaje, materiales específicos y formas
sistemáticas de comunicar la información. La enseñanza en este caso es
claramente formal.
La diferencia
fundamental entre este tipo de enseñanza y los anteriores es que en éstos no
hay un diseño específico de la enseñanza. Por el contrario en la diseñada las
situaciones son específicas. Todas las culturas tienen este tipo de enseñanza
diseñada en algunos dominios especialmente valiosos. Ejemplos: sociedades más
tradicionales y menos desarrolladas: enseñar a los miembros más jóvenes a cazar
o a navegar en canoa. Por el contrario en otras sociedades avanzadas como la
nuestra la enseñanza diseñada ocupa un amplísimo espacio de tiempo. Cuanto más
compleja se hace una sociedad y más difícil es aprender su cultura, más largo y
complejo es el período de enseñanza diseñada.
En cuanto a la
perspectiva psicológica, la enseñanza supone procesos complejos de tipo social
y cognitivo. Para ser efectivo el profesor debe: 1. Tener una representación mental
clara de la meta o aprendizaje final que sus alumnos deben alcanzar. 2. Valorar
en qué medida los alumnos van aproximándose a esta meta, y 3. Ir integrando de
forma continua ambos aspectos proporcionando las ayudas y retroalimentación
adecuada para conseguir la progresión hacia la meta deseada. Los alumnos cuando
estudian los conceptos anteriores van formando una representación mental que no
es idéntica a la del profesor. Debido a esto, el profesor debería desdoblarse y
acercarse a estas representaciones mentales de los alumnos, de forma que va
salvando las distancias entre ambas representaciones. Este es el núcleo
psicológico del proceso de enseñanza. Aquí es donde radica la complejidad del
proceso. En este proceso también se pueden dar malentendidos, cuando el
profesor cree erróneamente que el alumno tiene una representación mental
similar a la que él mismo tiene en su mente. Cuando esto ocurre, la
comunicación inherente a todo proceso de enseñanza se interrumpe. El resultado
es que el aprendizaje del alumno se distorsiona sin que el profesor llegue a
darse cuenta. Otra idea clave es que el proceso de instrucción debe ser
diferente para distintos tipos de tareas. Ejemplo: si se trata de enseñar cómo
hacer algo debe hacerse con demostraciones físicas, monitorización y la
retroalimentación sobre lo que el alumno va haciendo.
5. Aprender
y enseñar: construir y comunicar representaciones mentales
El aprendizaje
se puede definir como la formación de representaciones mentales que permiten al
aprendiz actuar en un medio ambiente de una forma nueva. Enseñar implica ser
consciente de las representaciones mentales que tiene el aprendiz, de las
representaciones de quienes se quieren comunicar y embarcarse en una serie de
acciones para lograr que el aprendiz llegue a formar las nuevas
representaciones mentales deseadas o previstas. En resumen, lo que se aprende y
lo que se enseña son representaciones mentales. Más aún, los sistemas
educativos están pensados para enseñar a los niños y jóvenes un tipo especial
de representaciones mentales que se consideran importantes en una cultura.
Ø ¿Qué
son y para qué sirven las representaciones mentales? El término
representaciones mentales designa las ideas, datos, recuerdos, procedimientos,
etc. que las personas vamos adquiriendo, todo lo cual designamos como
conocimiento. Podemos construir representaciones porque el entorno tiene unas
propiedades que nosotros podemos captar, y porque los humanos tenemos
capacidades o habilidades que nos permiten captar esas propiedades.
La ventaja de
las representaciones mentales de los humanos frente a la de otros animales es
que podemos operar con ellas sin necesidad de operar directamente con el mundo
al que las representaciones hacen referencia. Esta posibilidad de operar
virtualmente con objetos y eventos es lo que da potencia y utilidad a las
representaciones. Cuanto más abstractas, flexibles e independientes del entorno
concreto sean las representaciones, más potentes serán porque nos permitirán
operar en mayor número de entornos.
El entorno
raramente proporciona toda la información necesaria para que formemos nuestras
representaciones. Es normal que el entorno presente cierto grado de
indeterminación, de forma que debamos activar alguna representación anterior
para combinarla con la información que obtenemos de la situación actual a fin
de entenderla.
Las
representaciones mentales son el producto de almacenar y elaborar información a
partir de nuestra interacción con el entorno y de operar a partir de esas
representaciones. Las representaciones nos permiten operar de forma virtual con
el entorno sin necesidad de actuar directamente, de ahí deriva su potencia. El
entorno rara vez está bien determinado, por eso nuestras representaciones son
el producto de la combinación de la información actual y de la almacenada
previamente.
Ø Tipos
de representaciones mentales: no sólo los humanos tenemos representaciones
mentales, también los animales las tienen. La clasificación de las
representaciones mentales formulada por Kintsch, distingue cinco niveles
representacionales que van de mayor a menor complejidad. De todas, sólo las
tres últimas son exclusivamente humanas:
v
Representaciones procedimentales y perceptivas
directas: son representaciones que nos permiten reconocer determinados patrones
perceptivos o realizar determinadas acciones de tipo sensoriomotor. Se aprenden
por repetición y reforzamiento. Las compartimos con el resto de animales,
especialmente con los mamíferos. Así podemos reconocer objetos y personas.
v
Representaciones episódicas: son
representaciones de acontecimientos de los que se ha tenido experiencia
directa, los cuales guían acciones futuras y anticipan cambios en el ambiente.
Estas se aprenden por experiencia, pero de manera incidental (no intencional). Todos
los mamíferos superiores tienen una capacidad notable de memoria episódica (de
la que se sirven sus entrenadores para enseñarles multitud de acciones).
v
Representaciones no verbales, icónicas y
mediante la acción: son representaciones de carácter sensorimotor. Ejemplo:
cerrar la mano con el pulgar hacia arriba, indicando que uno está con el ánimo
alto o que las cosas van bien. Estas representaciones son claramente simbólicas
porque asignan significado a una acción o un objeto. Son específicamente
humanas y surgen relativamente pronto (4 años). Estas representaciones son
relativamente fáciles de aprender, posiblemente por su carácter analógico con
la realidad. Las culturas están llenas de acciones simbólicas de este tipo.
v
Representaciones oral-narrativas: son verbales
pero no abstractas. El relato que nos hacemos a nosotros mismos de las cosas
que nos van pasando en la vida son representaciones de este tipo. Ejemplo: las
historias que los padres cuentan a los hijos acerca de lo que le pasó a tal o
cual niño cuando hizo esto o aquello. En todos los casos cuenta con una
estructura lineal (comienzo, desarrollo y desenlace). Estas representaciones
contribuyen a dar coherencia a lo que ocurre a nuestro alrededor y nos ocurre
nosotros mismos. La vida de otras personas y nuestra propia vida nos resultan
comprensibles cuando somos capaces de representárnoslas como una narración
coherente.
v
Representaciones abstractas: estas se refieren a
categorías abstractas, formas de pensamiento lógico, deducciones,
cuantificaciones, etc. Los símbolos abstractos son el producto de creaciones
humanas tales como el lenguaje escrito, los mapas, las representaciones
gráficas. Estas representaciones surgieron con las grandes civilizaciones y
supusieron un avance increíble porque los humanos no dependían ya de la
transmisión oral individuo-individuo, sino que se podía almacenar conocimiento.
Los sistemas
educativos se inventaron sobre todo para transmitir el uso y facilitar el
aprendizaje de estos sistemas simbólicos externos (escritos) y esta otra forma
de pensamiento a las nuevas generaciones. Comprender las representaciones lleva
un largo tiempo, y depende de costosos procesos de categorización,
cuantificación y razonamiento. Este el ámbito específico de la educación
formal. Los humanos somos capaces de formar y aprender los cinco tipos de
representaciones anteriores, asimismo, podemos redescribir representaciones de
un nivel inferior en otras de nivel superior.
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