viernes, 14 de febrero de 2014

Tema 3: Desarrollo personal y social durante la adolescencia.

Tema 3: Desarrollo personal y social durante la adolescencia:


1.       Introducción:
La adolescencia es la transición entre la infancia y la vida adulta. Es una experiencia que varía de una cultura a otra, y que dentro de una misma cultura ha cambiado a lo largo de la historia. Entre nosotros, el inicio de la adolescencia se sitúa en torno a los 12 años y termina hacia los 20. El inicio de la adolescencia se suele vincular a los cambios biológicos de la pubertad (los primeros años) y a los cambios sociales: mayoría de edad, finalización del periodo educativo formal (últimos años). Tratándose de un periodo tan amplio no puede ser homogéneo, por lo que muchos autores dividen este proceso en etapas:
v  La primera abarca de los 10 a los 14 años. Se denomina adolescencia temprana. Los cambios más notables son la maduración sexual y los inicios del pensamiento formal.
v  Segunda fase, la adolescencia intermedia, de los 15 a los 18 años. Los cambios más visibles son la progresiva autonomía respecto de los padres y la expansión de las relaciones con los iguales.
v  Tercera fase, adolescencia tardía, desde los 18 hasta mediados de la veintena. Lo más destacado es el logro de la independencia respecto de los padres. La definición de las relaciones de amistad y afectivas siguen siendo cuestiones a las que el individuo dedica grandes dosis de energía. Entre los cambios biológicos el hito más destacado es la maduración del córtex frontal (control de impulsos, valoración del riesgo) y entre los intelectuales la posibilidad de un pensamiento posformal.
De los adolescentes se espera que:
v  Consigan establecer relaciones nuevas y más maduras con coetáneos de ambos sexos.
v  Acepten y adopten un rol sexual masculino o femenino.
v  Acepten la propia apariencia física y se responsabilicen del cuidado del propio cuerpo.
v  Alcancen la independencia emocional de los padres y otros adultos.
v  Se preparen para la independencia económica y el desarrollo profesional.
v  Se preparen para el establecimiento de una pareja y la vida familiar.
v  Adopten una ideología y un sistema de valores éticos.
v  Desarrollen los conceptos y habilidades intelectuales necesarios para llevar a cabo una conducta cívica responsable.
De forma general, las tareas o cuestiones clave en el desarrollo personal del adolescente son: la búsqueda y el logro de la identidad, el logro de la autonomía y la toma de decisiones sobre las metas vitales.
2.       Desarrollo personal:
El principal desafío al que se enfrenta el adolescente es definir quién es y quién quiere ser en el mundo de los adultos.
Ø  El autoconcepto y la autoestima: los avances en el desarrollo cognitivo tienen importantes consecuencias en las descripciones que los adolescentes dan sobre sí mismos. Así su autoconcepto, la idea que tienen de sí mismos, se vuelve más abstracto y complejo. Las autodescripciones adolescentes reconocen y expresan aspectos paradójicos, parciales o relativos, es decir, tienen mucha mayor complejidad que la de los niños que suelen hablar de sí mismos en términos más absolutos. El autoconcepto de los adolescentes también denota una estructuración en la que las relaciones sociales y la aceptación del grupo son cruciales. Al final de la adolescencia se observa el peso creciente de los valores y creencias personales como importante organizador del autoconcepto, lo que evidencia de nuevo el carácter abstracto de sus razonamientos. Otro cambio que aparece en la adolescencia es la capacidad de distinguir entre ese yo real que se percibe y describe de los yo posibles. Los posibles son construcciones abstractas, ideas con las que juega el adolescente. Dentro de los yo posibles está el yo ideal y el yo temido. Ser conscientes del yo real y de los yo posible motiva a la persona a actuar y esforzarse para alcanzar su yo ideal y a no convertirse en su yo temido. En general se considera que poseer un equilibrio entre el yo ideal y el yo temido favorece y estimula el desarrollo.
Los adolescentes son capaces de distinguir lo que ellos piensan de sí mismos de la imagen que proyectan en los demás, y en muchas ocasiones, si hay discrepancias, las observan y las hacen objeto de sus reflexiones. Pero también a veces se sienten confusos porque perciben cambios en su forma de pensar o actuar en función de con quién están, y se preguntan quienes son verdaderamente. Otras veces simplemente exhiben un yo falso con plena consciencia de estar interpretando un papel.
Definir lo que somos no es nunca tarea sencilla, porque nuestra identidad es compleja. Se suelen distinguir el yo psicológico, social, sexual, familiar y de afrontamiento. Para cada una de estas facetas la persona emite un juicio valorativo que determina la estima global que tiene de sí misma, su autoconcepto. Algunas conclusiones sobre los trabajos acerca de este tema:
v  Los adolescentes no necesitan tener una imagen positiva en todas las esferas para que su autoestima sea elevada. Lo que parece ser decisivo es la importancia que se otorgue a las áreas en cuestión.
v  Se produce una oscilación en el nivel de la autoestima en la mayoría de los adolescentes. Tiende a disminuir en la adolescencia temprana y luego va aumentando en la adolescencia intermedia y tardía.
v  Se han constatado diferencias en función del género en cuanto al peso de unas facetas y otras en la autoestima global, que reflejan en gran medida los valores tradicionales asociados a la masculinidad y la feminidad.

Ø  La identidad: durante la adolescencia la persona se interesa por construir lo que se denomina “sentido de identidad”. Está interesada en descubrir las fortalezas y debilidades que le son propias, en entender lo que es distintivo de su personalidad, en perfilar sueños y metas y en tomar decisiones consecuentes con todo ello.
Erik Erickson describe los desafíos críticos de cada etapa del ciclo vital a los que se va enfrentando la persona. En su teoría subyacen dos presupuestos fundamentales: 1. La personalidad se desarrolla siguiendo unos pasos predeterminados en la naturaleza humana que conducen a que las personas tiendan a interactuar y ser conscientes de un radio social cada vez más amplio. 2. La sociedad tiende a estar constituida de tal modo que satisface y propicia esta sucesión de potencialidades para la interacción siguiendo la secuencia y el ritmo adecuados.
El desarrollo de la personalidad es descrito como un proceso que implica la secuenciación jerarquizada de estadios o etapas relacionadas con la edad cronológica a través del cual van sucediéndose una serie de crisis que retan al yo e incrementan tanto la vulnerabilidad como el potencial de madurez. Cada etapa o estadio se construye sobre los resultados previos y contribuye a la forma en que se resolverán los siguientes.
El logro de la identidad se refleja en la asunción de un compromiso en tres ámbitos: el área interpersonal y afectivo sexual, el área vocacional-profesional y el área ideológico-ética. La incapacidad de comprometerse en estas áreas al final de la adolescencia indica que la persona está en el polo denominado confusión de identidad.

Ø  Diferentes formas de elaborar la identidad: James Marcia, basándose en la teoría de Erickson, investigó la forma en que los adolescentes van construyendo su identidad. Sus observaciones le permitieron establecer cuatro estatus de identidad diferentes: logro, moratoria, exclusión y difusión. El logro de identidad es el estatus de los adolescentes que, tras un periodo de moratoria durante el cual exploran diferentes opciones posibles, se comprometen firmemente con sus elecciones personales. El estatus de exclusión de identidad es el de quienes se han comprometido con ciertas opciones, pero sin un intento serio de revisar las opciones potenciales sin moratoria. Los adolescentes que exploran, pero no se comprometen se ubican en el estatus de moratoria. También hay adolescentes que ni exploran ni se comprometen, por lo que su identidad parece difusa, están en el estatus de difusión.
Los resultados de las investigaciones indican que quienes no se definen pero tampoco les importa no hacerlo suelen tener niveles de autoestima y autoeficiencia más bajos, y niveles más altos de ansiedad, desidia y relaciones familiares poco cercanas. Quienes están en el estatus de exclusión son más convencionales, conformistas y obedientes a las figuras de autoridad que el resto. Las relaciones con los padres suelen ser muy cercanas y suele haber mayor coincidencia entre el sistema de valores familiares y el adoptado por parte del joven.
El contexto socio-cultural también influye en el tiempo requerido para salir de la moratoria y establecer compromisos. Cuanto más compleja es una sociedad más opciones posibles se encuentran y más largo es el proceso de elección. Algunos autores han criticado estas visiones de Erickson y Marcia, alegando que la identidad posmoderna es diferente. Afirman que esta nueva identidad ni es tan estable ni unitaria, sino que se modifica continuamente a lo largo de toda la vida, y sobre todo es diferente según el entorno social en el que se desenvuelve la persona.

3.       Cambios en la relaciones interpersonales:
El espacio social se expande enormemente durante la adolescencia. La familia sigue siendo un grupo de referencia fundamental, pero la creciente importancia de otros grupos como los amigos, altera la expresión de los vínculos familiares. La amistad, las primeras relaciones de pareja y la pertenencia a un grupo de compañeros se vuelven cada vez más importantes a medida que se transita hacia la vida adulta.
Ø  El adolescente y su familia: forma parte de las creencias populares sobre la adolescencia la idea de que las relaciones entre los adolescentes y sus padres son tumultuosas y conflictivas ¿cuánto hay de cierto en ello? Numerosas investigaciones demuestran que el proceso de adaptación no es tan problemático como a menudo se ha sugerido. Los expertos estiman que los conflictos sólo llegan a deteriorar de forma significativa las relaciones en una proporción que oscila entre el 5 y el 10%. Los temas que suscitan más desacuerdo son:
v  Las discusiones más frecuentes: giran en torno al dinero, los horarios y la colaboración en tareas domesticas. Muy poco frecuentes son las disputas por desacuerdos en el sistema de valores, creencias políticas y religiosas.
v  Las discusiones más intensas: se centran en la conducta desconsiderada en casa, características personales y morales negativas y los deberes y rendimiento académico.
v  Con las madres se discute más que con los padres, aunque los adolescentes dicen que ellas les comprenden mejor y que con ellas tienen una relación más cercana y positiva.
La mayoría de los adolescentes necesitan ayuda de sus padres para afrontar los cambios de la adolescencia. Son los progenitores quienes llevan a cabo el proceso de socialización de sus hijos, con el objetivo de que estos adquieran un conjunto de habilidades, hábitos de conducta y valores que les permitan desarrollar sus potencialidades como individuos en coherencia con su entorno social. Tradicionalmente se han tenido en cuenta dos dimensiones principales en la socialización familiar que dan origen a diferentes prácticas educativas: el afecto y el control.
El afecto implica la disponibilidad, capacidad de percibir y responder con coherencia a las demandas del hijo, de crear un clima emocionalmente estable y mantener formas de interacción armónicas. Los adolescentes donde impera este clima afectivo tienden a mostrar un mejor ajuste y desarrollo psicosocial, niveles más altos de autoestima, confianza en sí mismos, bienestar psicológico, mayor competencia conductual y académica. En cuanto a la incidencia de la segunda práctica, existe menos acuerdo, pues encierra mayor complejidad conceptual (no todos los investigadores han evaluado lo mismo, aunque sí lo han denominado de forma similar). La exploración y la autonomía, que se incrementan en la adolescencia, exigen cierto control parental que se materializa en el conocimiento sobre las actividades diarias del hijo y de las relaciones con los compañeros. El control de los padres proporciona una guía al hijo adolescente. Sin embargo cuando el control es excesivamente coercitivo o restrictivo pueden aparecer problemas. Ambas prácticas educativas no son excluyentes, sino que por el contrario se combinan. Así aparecen los estilos parentales, entre los que destacan: el democrático con autoridad, en el que los padres muestran altos niveles de afecto y control; el autoritario, con bajo nivel de afecto y alto nivel de control; el permisivo, con alto nivel de afecto y escaso control; el negligente o no comprometido, con bajos niveles de afecto y control.
v  La paternidad democrática: padres e hijos negocian y se comunican, fortalece el sentido de independencia del adolescente, y al mismo tiempo potencia el afecto y la intimidad. Este estilo educativo induce a los adolescentes a pensar en el impacto que puede tener su conducta sobre los demás.
v  Adolescentes con padres autoritarios y coercitivos dedican menor tiempo a explorar alternativas, y consecuentemente tienen un sentido menos desarrollado de su propia identidad. Es más probable que adopten estándares morales externos en lugar de interiorizar normas. Tienen problemas para usar su propio juicio como guía de conducta y por ello son más susceptibles a la presión de los iguales.
v  Los adolescentes socializados según un estilo permisivo, tienden a incurrir con más frecuencia en conductas de riesgo, como el consumo de sustancias adictivas, y a presentar mayores dificultades académicas y fracaso escolar.
v  El estilo negligente o no comprometido aparece asociado con una mayor tendencia a prestar baja competencia y una amplia gama de problemas de conducta y emocionales.
Es inexacto concluir que los estilos de socialización familiar son el determinante único del desarrollo de los adolescentes
Ø  Relaciones con los iguales: los amigos y compañeros desempeñan un papel crucial durante la adolescencia. Las relaciones con ellos son más igualitarias y se basan en la elección y el compromiso. La amistad impulsa el avance hacia la autonomía y la elaboración de la identidad del adolescente. No todos los adolescentes se integran con el mismo éxito en el grupo de iguales:
v  Los más populares se comportan con amabilidad, son bondadosos, alegres y divertidos. Se expresan abierta y claramente. Su actitud es segura sin resultar arrogantes.
v  Los impopulares son torpes socialmente. Algunos son rechazados por sus pares, otros son ignorados y también los hay polémicos o controvertidos. Los rechazados suelen serlo por su agresividad, negativismo, buscar pelea con frecuencia (agresión incluye el sarcasmo, burla despiadada, ridículo, chisme y la exclusión). Los ignorados también carecen de habilidades sociales, pero su déficit reside en la timidez y el retraimiento.
v  Aquellos que son hábiles socialmente, saben liderar al grupo, pero también son muy agresivos. La combinación hace que sean radicalmente rechazados o estimados por los compañeros. Se les denomina controvertidos o polémicos.
Los resultados de las investigaciones demuestran que los adolescentes más competentes para entablar relaciones satisfactorias de amistad gozan de numerosos beneficios. En contraste se ha comprobado que existe una asociación entre la impopularidad, por una parte y la depresión, los problemas conductuales y las dificultades académicas por otra.
4.       Riesgo y resiliencia en la adolescencia:
Retrato del adolescente como un ser rebelde, inestable y angustiado, una constante a lo largo de la historia. No podemos dejar que la labor con los adolescentes se asiente sobre estos mitos y prejuicios.
Ø  La adolescencia como período de crisis y riesgos: Satnley Hall, pionero del estudio científico de la adolescencia, la definió como una etapa tormentosa un periodo de tensión y tempestad. Sigmund Freud reforzó la idea de que la psicología del adolescente está caracterizada por la confusión, el estrés y la pérdida. Los psicoanalistas posteriores llegaron incluso a definirla con connotaciones pseudopatológicas. Margaret Mead puso en entredicho esta visión. Esta famosa antropóloga, tras estudiar las costumbres adolescentes de los pobladores de Samoa y Nueva Guinea, concluyó que lo normal es una transición gradual y tranquila, una suave adaptación a los roles adultos. Ella interpreta las diferencias con la adolescencia occidental como una consecuencia de la separación que existe entre el mundo infantil y el adulto. Cuanto mayor sea esta separación, mayor será la dificultad de pasar de una a otra etapa. Estudios transculturales posteriores apoyan las conclusiones de Margaret. Desde hace medio siglo las investigaciones coinciden en sus resultados: la anormalidad psicológica, la pseudopatología y la grave confusión emocional no son norma durante la adolescencia, y una gran proporción de los adolescentes no presentan dificultades psicológicas significativas.
Se estima que el porcentaje de adolescentes con problemas psicológicos importantes gira en torno al 17-20%, proporción muy similar a la que se observa entre la población adulta. La adolescencia no parece ser un tiempo de normal anormalidad. Aún en la actualidad muchos son los que siguen contemplando este período como lo hicieron los pioneros. Estas visiones encierran ciertos peligros, sobre todo si debido a ello no somos capaces de valorar los problemas de ese 20 %, pensado que son cosas normales de la edad.

Ø  La promoción de la resiliencia entre los adolescentes: el enfoque de la resiliencia enfatiza el estudio de las fortalezas y aspectos positivos en el ser humano en vez de hacerlo en sus limitaciones y su vulnerabilidad. El término proviene del latín resilio, que significa volver atrás, rebotar. De forma general, la resiliencia se define como la capacidad de resistir situaciones difíciles y salir de ellas con mayor fortaleza.
v  Principales factores de resiliencia:
Individuales: autoestima, locus de control interno, autocuidado y responsabilidad, metas realistas y flexibles, actitud vital positiva, compromiso con valores, vinculación positiva con la familia, habilidad para resistir la presión negativa del grupo.
Familiares: armonía y buen trato, cohesión, buena relación con los padres, estímulo para la autonomía y la responsabilidad, equilibrio entre control y afecto, comunicación asertiva.

Sociales: relación cercana y positiva con algún adulto que actúa como mentor, facilidades para el acceso a sistemas educativos y laborales, facilidades para actividades de ocio saludables.

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