Tema 3: Desarrollo personal y social durante la adolescencia:
1.
Introducción:
La
adolescencia es la transición entre la infancia y la vida adulta. Es una
experiencia que varía de una cultura a otra, y que dentro de una misma cultura
ha cambiado a lo largo de la historia. Entre nosotros, el inicio de la
adolescencia se sitúa en torno a los 12 años y termina hacia los 20. El inicio
de la adolescencia se suele vincular a los cambios biológicos de la pubertad
(los primeros años) y a los cambios sociales: mayoría de edad, finalización del
periodo educativo formal (últimos años). Tratándose de un periodo tan amplio no
puede ser homogéneo, por lo que muchos autores dividen este proceso en etapas:
v
La primera abarca de los 10 a los 14 años. Se
denomina adolescencia temprana. Los cambios más notables son la maduración
sexual y los inicios del pensamiento formal.
v
Segunda fase, la adolescencia intermedia, de los
15 a los 18 años. Los cambios más visibles son la progresiva autonomía respecto
de los padres y la expansión de las relaciones con los iguales.
v
Tercera fase, adolescencia tardía, desde los 18
hasta mediados de la veintena. Lo más destacado es el logro de la independencia
respecto de los padres. La definición de las relaciones de amistad y afectivas
siguen siendo cuestiones a las que el individuo dedica grandes dosis de
energía. Entre los cambios biológicos el hito más destacado es la maduración
del córtex frontal (control de impulsos, valoración del riesgo) y entre los
intelectuales la posibilidad de un pensamiento posformal.
De los
adolescentes se espera que:
v Consigan
establecer relaciones nuevas y más maduras con coetáneos de ambos sexos.
v Acepten
y adopten un rol sexual masculino o femenino.
v Acepten
la propia apariencia física y se responsabilicen del cuidado del propio cuerpo.
v Alcancen
la independencia emocional de los padres y otros adultos.
v Se
preparen para la independencia económica y el desarrollo profesional.
v Se
preparen para el establecimiento de una pareja y la vida familiar.
v Adopten
una ideología y un sistema de valores éticos.
v Desarrollen
los conceptos y habilidades intelectuales necesarios para llevar a cabo una
conducta cívica responsable.
De forma
general, las tareas o cuestiones clave en el desarrollo personal del
adolescente son: la búsqueda y el logro de la identidad, el logro de la
autonomía y la toma de decisiones sobre las metas vitales.
2. Desarrollo
personal:
El principal
desafío al que se enfrenta el adolescente es definir quién es y quién quiere
ser en el mundo de los adultos.
Ø El
autoconcepto y la autoestima: los avances en el desarrollo cognitivo tienen
importantes consecuencias en las descripciones que los adolescentes dan sobre
sí mismos. Así su autoconcepto, la idea que tienen de sí mismos, se vuelve más
abstracto y complejo. Las autodescripciones adolescentes reconocen y expresan
aspectos paradójicos, parciales o relativos, es decir, tienen mucha mayor
complejidad que la de los niños que suelen hablar de sí mismos en términos más
absolutos. El autoconcepto de los adolescentes también denota una
estructuración en la que las relaciones sociales y la aceptación del grupo son
cruciales. Al final de la adolescencia se observa el peso creciente de los
valores y creencias personales como importante organizador del autoconcepto, lo
que evidencia de nuevo el carácter abstracto de sus razonamientos. Otro cambio
que aparece en la adolescencia es la capacidad de distinguir entre ese yo real que se percibe y describe de los
yo posibles. Los posibles son
construcciones abstractas, ideas con las que juega el adolescente. Dentro de
los yo posibles está el yo ideal y el
yo temido. Ser conscientes del yo
real y de los yo posible motiva a la persona a actuar y esforzarse para
alcanzar su yo ideal y a no convertirse en su yo temido. En general se
considera que poseer un equilibrio entre el yo ideal y el yo temido favorece y
estimula el desarrollo.
Los adolescentes
son capaces de distinguir lo que ellos piensan de sí mismos de la imagen que
proyectan en los demás, y en muchas ocasiones, si hay discrepancias, las
observan y las hacen objeto de sus reflexiones. Pero también a veces se sienten
confusos porque perciben cambios en su forma de pensar o actuar en función de
con quién están, y se preguntan quienes son verdaderamente. Otras veces
simplemente exhiben un yo falso con
plena consciencia de estar interpretando un papel.
Definir lo que
somos no es nunca tarea sencilla, porque nuestra identidad es compleja. Se
suelen distinguir el yo psicológico,
social, sexual, familiar y de afrontamiento. Para cada una de estas facetas
la persona emite un juicio valorativo que determina la estima global que tiene
de sí misma, su autoconcepto. Algunas conclusiones sobre los trabajos acerca de
este tema:
v
Los adolescentes no necesitan tener una imagen
positiva en todas las esferas para que su autoestima sea elevada. Lo que parece
ser decisivo es la importancia que se otorgue a las áreas en cuestión.
v
Se produce una oscilación en el nivel de la
autoestima en la mayoría de los adolescentes. Tiende a disminuir en la
adolescencia temprana y luego va aumentando en la adolescencia intermedia y
tardía.
v
Se han constatado diferencias en función del
género en cuanto al peso de unas facetas y otras en la autoestima global, que reflejan
en gran medida los valores tradicionales asociados a la masculinidad y la
feminidad.
Ø La
identidad: durante la adolescencia la persona se interesa por construir lo que
se denomina “sentido de identidad”. Está interesada en descubrir las fortalezas
y debilidades que le son propias, en entender lo que es distintivo de su
personalidad, en perfilar sueños y metas y en tomar decisiones consecuentes con
todo ello.
Erik Erickson describe
los desafíos críticos de cada etapa del ciclo vital a los que se va enfrentando
la persona. En su teoría subyacen dos presupuestos fundamentales: 1. La
personalidad se desarrolla siguiendo unos pasos predeterminados en la
naturaleza humana que conducen a que las personas tiendan a interactuar y ser
conscientes de un radio social cada vez más amplio. 2. La sociedad tiende a
estar constituida de tal modo que satisface y propicia esta sucesión de
potencialidades para la interacción siguiendo la secuencia y el ritmo
adecuados.
El desarrollo de
la personalidad es descrito como un proceso que implica la secuenciación
jerarquizada de estadios o etapas relacionadas con la edad cronológica a través
del cual van sucediéndose una serie de crisis que retan al yo e incrementan
tanto la vulnerabilidad como el potencial de madurez. Cada etapa o estadio se
construye sobre los resultados previos y contribuye a la forma en que se
resolverán los siguientes.
El logro de la
identidad se refleja en la asunción de un compromiso en tres ámbitos: el área
interpersonal y afectivo sexual, el área vocacional-profesional y el área
ideológico-ética. La incapacidad de comprometerse en estas áreas al final de la
adolescencia indica que la persona está en el polo denominado confusión de
identidad.
Ø Diferentes
formas de elaborar la identidad: James Marcia, basándose en la teoría de
Erickson, investigó la forma en que los adolescentes van construyendo su
identidad. Sus observaciones le permitieron establecer cuatro estatus de
identidad diferentes: logro, moratoria, exclusión y difusión. El logro de
identidad es el estatus de los adolescentes que, tras un periodo de moratoria
durante el cual exploran diferentes opciones posibles, se comprometen
firmemente con sus elecciones personales. El estatus de exclusión de identidad
es el de quienes se han comprometido con ciertas opciones, pero sin un intento
serio de revisar las opciones potenciales sin moratoria. Los adolescentes que
exploran, pero no se comprometen se ubican en el estatus de moratoria. También
hay adolescentes que ni exploran ni se comprometen, por lo que su identidad
parece difusa, están en el estatus de difusión.
Los resultados
de las investigaciones indican que quienes no se definen pero tampoco les
importa no hacerlo suelen tener niveles de autoestima y autoeficiencia más
bajos, y niveles más altos de ansiedad, desidia y relaciones familiares poco
cercanas. Quienes están en el estatus de exclusión son más convencionales,
conformistas y obedientes a las figuras de autoridad que el resto. Las
relaciones con los padres suelen ser muy cercanas y suele haber mayor
coincidencia entre el sistema de valores familiares y el adoptado por parte del
joven.
El contexto
socio-cultural también influye en el tiempo requerido para salir de la
moratoria y establecer compromisos. Cuanto más compleja es una sociedad más opciones
posibles se encuentran y más largo es el proceso de elección. Algunos autores
han criticado estas visiones de Erickson y Marcia, alegando que la identidad
posmoderna es diferente. Afirman que esta nueva identidad ni es tan estable ni
unitaria, sino que se modifica continuamente a lo largo de toda la vida, y
sobre todo es diferente según el entorno social en el que se desenvuelve la
persona.
3. Cambios
en la relaciones interpersonales:
El espacio
social se expande enormemente durante la adolescencia. La familia sigue siendo
un grupo de referencia fundamental, pero la creciente importancia de otros
grupos como los amigos, altera la expresión de los vínculos familiares. La
amistad, las primeras relaciones de pareja y la pertenencia a un grupo de
compañeros se vuelven cada vez más importantes a medida que se transita hacia
la vida adulta.
Ø El
adolescente y su familia: forma parte de las creencias populares sobre la
adolescencia la idea de que las relaciones entre los adolescentes y sus padres
son tumultuosas y conflictivas ¿cuánto hay de cierto en ello? Numerosas
investigaciones demuestran que el proceso de adaptación no es tan problemático
como a menudo se ha sugerido. Los expertos estiman que los conflictos sólo
llegan a deteriorar de forma significativa las relaciones en una proporción que
oscila entre el 5 y el 10%. Los temas que suscitan más desacuerdo son:
v
Las discusiones más frecuentes: giran en torno
al dinero, los horarios y la colaboración en tareas domesticas. Muy poco
frecuentes son las disputas por desacuerdos en el sistema de valores, creencias
políticas y religiosas.
v
Las discusiones más intensas: se centran en la
conducta desconsiderada en casa, características personales y morales negativas
y los deberes y rendimiento académico.
v
Con las madres se discute más que con los
padres, aunque los adolescentes dicen que ellas les comprenden mejor y que con
ellas tienen una relación más cercana y positiva.
La mayoría de los adolescentes necesitan ayuda de sus
padres para afrontar los cambios de la adolescencia. Son los progenitores
quienes llevan a cabo el proceso de socialización de sus hijos, con el objetivo
de que estos adquieran un conjunto de habilidades, hábitos de conducta y
valores que les permitan desarrollar sus potencialidades como individuos en coherencia
con su entorno social. Tradicionalmente se han tenido en cuenta dos dimensiones
principales en la socialización familiar que dan origen a diferentes prácticas
educativas: el afecto y el control.
El afecto implica la disponibilidad, capacidad de percibir
y responder con coherencia a las demandas del hijo, de crear un clima
emocionalmente estable y mantener formas de interacción armónicas. Los
adolescentes donde impera este clima afectivo tienden a mostrar un mejor ajuste
y desarrollo psicosocial, niveles más altos de autoestima, confianza en sí
mismos, bienestar psicológico, mayor competencia conductual y académica. En
cuanto a la incidencia de la segunda práctica, existe menos acuerdo, pues
encierra mayor complejidad conceptual (no todos los investigadores han evaluado
lo mismo, aunque sí lo han denominado de forma similar). La exploración y la
autonomía, que se incrementan en la adolescencia, exigen cierto control
parental que se materializa en el conocimiento sobre las actividades diarias
del hijo y de las relaciones con los compañeros. El control de los padres
proporciona una guía al hijo adolescente. Sin embargo cuando el control es
excesivamente coercitivo o restrictivo pueden aparecer problemas. Ambas
prácticas educativas no son excluyentes, sino que por el contrario se combinan.
Así aparecen los estilos parentales, entre los que destacan: el democrático con autoridad, en el que los
padres muestran altos niveles de afecto y control; el autoritario, con bajo nivel de afecto y alto nivel de control; el permisivo, con alto nivel de afecto y
escaso control; el negligente o no
comprometido, con bajos niveles de afecto y control.
v
La paternidad democrática: padres e hijos
negocian y se comunican, fortalece el sentido de independencia del adolescente,
y al mismo tiempo potencia el afecto y la intimidad. Este estilo educativo
induce a los adolescentes a pensar en el impacto que puede tener su conducta
sobre los demás.
v
Adolescentes con padres autoritarios y
coercitivos dedican menor tiempo a explorar alternativas, y consecuentemente
tienen un sentido menos desarrollado de su propia identidad. Es más probable
que adopten estándares morales externos en lugar de interiorizar normas. Tienen
problemas para usar su propio juicio como guía de conducta y por ello son más
susceptibles a la presión de los iguales.
v
Los adolescentes socializados según un estilo
permisivo, tienden a incurrir con más frecuencia en conductas de riesgo, como
el consumo de sustancias adictivas, y a presentar mayores dificultades
académicas y fracaso escolar.
v
El estilo negligente o no comprometido aparece
asociado con una mayor tendencia a prestar baja competencia y una amplia gama
de problemas de conducta y emocionales.
Es inexacto
concluir que los estilos de socialización familiar son el determinante único
del desarrollo de los adolescentes
Ø Relaciones
con los iguales: los amigos y compañeros desempeñan un papel crucial durante la
adolescencia. Las relaciones con ellos son más igualitarias y se basan en la
elección y el compromiso. La amistad impulsa el avance hacia la autonomía y la
elaboración de la identidad del adolescente. No todos los adolescentes se
integran con el mismo éxito en el grupo de iguales:
v
Los más populares se comportan con amabilidad,
son bondadosos, alegres y divertidos. Se expresan abierta y claramente. Su
actitud es segura sin resultar arrogantes.
v
Los impopulares son torpes socialmente. Algunos
son rechazados por sus pares, otros son ignorados y también los hay polémicos o
controvertidos. Los rechazados suelen serlo por su agresividad, negativismo,
buscar pelea con frecuencia (agresión incluye el sarcasmo, burla despiadada,
ridículo, chisme y la exclusión). Los ignorados también carecen de habilidades
sociales, pero su déficit reside en la timidez y el retraimiento.
v
Aquellos que son hábiles socialmente, saben
liderar al grupo, pero también son muy agresivos. La combinación hace que sean radicalmente
rechazados o estimados por los compañeros. Se les denomina controvertidos o
polémicos.
Los resultados
de las investigaciones demuestran que los adolescentes más competentes para
entablar relaciones satisfactorias de amistad gozan de numerosos beneficios. En
contraste se ha comprobado que existe una asociación entre la impopularidad,
por una parte y la depresión, los problemas conductuales y las dificultades
académicas por otra.
4. Riesgo
y resiliencia en la adolescencia:
Retrato del
adolescente como un ser rebelde, inestable y angustiado, una constante a lo
largo de la historia. No podemos dejar que la labor con los adolescentes se asiente
sobre estos mitos y prejuicios.
Ø La
adolescencia como período de crisis y riesgos: Satnley Hall, pionero del
estudio científico de la adolescencia, la definió como una etapa tormentosa un
periodo de tensión y tempestad. Sigmund Freud reforzó la idea de que la
psicología del adolescente está caracterizada por la confusión, el estrés y la
pérdida. Los psicoanalistas posteriores llegaron incluso a definirla con
connotaciones pseudopatológicas. Margaret Mead puso en entredicho esta visión.
Esta famosa antropóloga, tras estudiar las costumbres adolescentes de los
pobladores de Samoa y Nueva Guinea, concluyó que lo normal es una transición
gradual y tranquila, una suave adaptación a los roles adultos. Ella interpreta
las diferencias con la adolescencia occidental como una consecuencia de la
separación que existe entre el mundo infantil y el adulto. Cuanto mayor sea
esta separación, mayor será la dificultad de pasar de una a otra etapa.
Estudios transculturales posteriores apoyan las conclusiones de Margaret. Desde
hace medio siglo las investigaciones coinciden en sus resultados: la
anormalidad psicológica, la pseudopatología y la grave confusión emocional no
son norma durante la adolescencia, y una gran proporción de los adolescentes no
presentan dificultades psicológicas significativas.
Se estima que el
porcentaje de adolescentes con problemas psicológicos importantes gira en torno
al 17-20%, proporción muy similar a la que se observa entre la población
adulta. La adolescencia no parece ser un tiempo de normal anormalidad. Aún en
la actualidad muchos son los que siguen contemplando este período como lo
hicieron los pioneros. Estas visiones encierran ciertos peligros, sobre todo si
debido a ello no somos capaces de valorar los problemas de ese 20 %, pensado que
son cosas normales de la edad.
Ø La
promoción de la resiliencia entre los adolescentes: el enfoque de la
resiliencia enfatiza el estudio de las fortalezas y aspectos positivos en el
ser humano en vez de hacerlo en sus limitaciones y su vulnerabilidad. El término
proviene del latín resilio, que significa volver atrás, rebotar. De forma
general, la resiliencia se define como la capacidad de resistir situaciones
difíciles y salir de ellas con mayor fortaleza.
v
Principales factores de resiliencia:
Individuales:
autoestima, locus de control interno, autocuidado y responsabilidad, metas
realistas y flexibles, actitud vital positiva, compromiso con valores,
vinculación positiva con la familia, habilidad para resistir la presión
negativa del grupo.
Familiares: armonía
y buen trato, cohesión, buena relación con los padres, estímulo para la
autonomía y la responsabilidad, equilibrio entre control y afecto, comunicación
asertiva.
Sociales:
relación cercana y positiva con algún adulto que actúa como mentor, facilidades
para el acceso a sistemas educativos y laborales, facilidades para actividades
de ocio saludables.
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